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sábado, 23 de febrero de 2013

Freud y la paciente telépata

El psicoanalista Sigmund Freud, cita el caso de una paciente checa refugiada en los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. Cierto día de 1939, la mujer se sintió angustiada y desesperada, sin que mediara razón alguna, y “supo” que su madre, que todavía vivía en su país, había muerto. Todos los intentos de su marido y familia por tranquilizarla fueron en vano y ella persistió en su actitud.

Transcurridos dos días de aquel “fuerte presentimiento”, recibió un telegrama de su país natal donde le confirmaban la tragedia. Teniendo en cuenta las siete horas de diferencia que existen entre Praga y Nueva York, tanto la paciente de Freud como su esposo pudieron constatar que el momento de la angustia de la mujer coincidía con el preciso instante de la muerte de su madre.

¿Es esto puro azar?

miércoles, 20 de febrero de 2013

El budín que reaparecía una y otra vez

Henos aquí ante otra de esas historias que nos dejan de una pieza y nos hacen plantearnos, seriamente, la posibilidad de que el tiempo y el espacio no sean como nos lo han contado. La historia no es contada por el siempre extraordinario astrónomo, Camille Flammarion, en su libro “L´Inconnu et les problèmes psychiques”.

El señor Deschamps, siendo un muchacho, recibió en su casa de Orleáns un trozo de budín de ciruela, cuyo sabor le entusiasmo desde un principio. El trozo de tarta le fue enviado por M. Fontgibu.

Transcurridos los años, el joven, ya un adulto, entró en un restaurante parisino y encontró que en el menú del día se incluía el pudín de ciruela que tanto le gustó siendo niño. Sin pensárselo dos veces, se apresuró a pedirlo.

-Lo siento señor –le dijo el camarero, discretamente-. El último trozo que nos quedaba le ha sido servido a M. De Fontgibu.

¡M. De Fontgibu! El mismo hombre que le había enviado, en su juventud, la tajada de pudín, y del que hacía tanto años que Deschamps no sabía nada.

Pero el asunto no estaba destinado a quedarse ahí. Muchos años después, el señor Deschamps fue invitado una tarde en casa de una señora, la cual anunció que tendría un postre muy especial y exquisito. El postre: pudín de ciruela.

Deschamps se sonrió, y les contó a los demás invitados la extraña coincidencia con ese delicioso postre; luego, añadió: “Y ahora, solamente nos falta a M. Fontgibu”. En el mismo instante en que esto decía, la puerta se abrió y un achacoso anciano hizo su aparición en la sala, disculpándose por la tardanza. Aquel señor no era otro que M. de Fontgibu, que también había sido invitado a la velada y que había equivocado la dirección.

Estoy convencido que esta historia no es nueva para usted. Si analiza concienzudamente su propia vida, descubrirá que esto mismo, o algo similar, le ha pasado también a usted. Nuestra vida está cargada con estas “aparentes” casualidades que nadie, hasta el momento, ha sabido explicar. ¿Seremos nosotros, y no un ente ajeno, el que le da sentido a nuestro mundo?

martes, 19 de febrero de 2013

¿Existen las casualidades?

Hemos hablado mucho sobre los casos recopilados por el siempre genial Camille Flammarion. Pero este astrónomo, aficionado a los temas esotéricos y a las historias de fantasmas, dejó escrito en si libro “Lo Desconocido y los Problemas Psíquicos” una curiosa situación ocurrida en su propia carne.

Sucedió mientras escribía su libro “La Atmósfera y los Grandes Fenómenos de la Naturaleza”. Ocupado en un capítulo dedicado a las borrascas, un fuerte golpe de viento abrió de par en par la ventana de su estudio, revolviendo todos los papeles que tenía sobre la mesa y haciendo que el capítulo que acaba de escribir saliera volando hasta la calle.

Su sorpresa llegó cuando, unos días más tarde, su editor le envió las pruebas del capítulo que el viento se había llevado. Curiosamente, los papeles perdidos por Flammarion habían ido a parar a una calle donde casualmente su editor pasaba con el coche. Éste, extrañado al encontrarse un montón de papeles tirados en el suelo, descendió del coche, recogió las hojas y las llevó a la editorial para recomponer el documento.

¿Existen las casualidades? Uno está tentado en pensar que no.

sábado, 9 de febrero de 2013

¿Casualidad o milagro?

Una amable lectora nos envió este mail. Como es bastante largo, no nos detendremos a comentarlo.

Esta es su historia:

¡HOLA! Ante todo deciros que una casualidad más me ha llevado hasta vosotros. Me he metido en vuestra página buscando información sobre Nostradamus y al final he terminado leyendo "Historias reales del Más Allá". La casualidad es por que hace una hora, más o menos, hablaba con dos amigos del MSN y casualmente les conté lo que a vosotros os voy a contar ahora, (experiencia que nunca antes de esta noche había contado); y si eso no fuera poco, también he de deciros que hoy es el primer aniversario de la muerte de la abuela de mi marido, a la cual quería como si fuera de mi sangre ya que no he tenido abuela... Y ella era, como yo, muy creyente. Seguro que donde quiera que este le gustará que cuente esta pequeña historia.

Antes de contarla, me presento: Me llamo Katherina y tengo 25 años. Me casé con 16 años, embarazada, y os aseguro que no sé si ha sido suerte (yo creo que no) pero me han pasado tantas cosas buenas que quizá mi fe hacia Dios ha tenido bastante que ver en mi vida. Bueno no quiero alargar esto más y empezaré por decir que mi hija pequeña nació el 18 de septiembre del año 2000. Ese día era el final de las fiestas del pueblo donde vivo, por tanto era la romería de la patrona de aquí, la Virgen de la Consolación. Aquella noche mi parto se complico y pidieron por mí, a la virgen. De hecho, por ser la fecha que era, yo le ofrecí a mi hija para que la cuidara siempre, y por cosas de la vida, mi hija esa noche al final nació, salvando una serie de obstáculos que nunca creí. Como por ejemplo, que no fue ni una cesárea, ni una ventosa, ni un fórceps, como los médicos decían, y que al final su padre pudo ver cómo nacía, cuando decían: “es imposible”. Al final nada es imposible! y contar mas detalles del parto que fueron increíbles haría este mail muy largo. Bueno el caso es que esto simplemente puede que para algunas personas no tenga valor, pero el caso es que... Este año, un mes antes de que mi hija cumpliera un añito, se trago una moneda de un duro, de estos de ahora (de los pequeños) y la llevé al hospital. Allí me dijeron que no me preocupara, que tenia buena trayectoria y que en una semana como máximo lo echaría por las heces.

El caso es que al cabo de 2 semanas no lo había expulsado y la llevé de nuevo, y me comentaron que era raro porque ella hace de 2 a 4 eyecciones al día y en 15 días son más o menos una media de 45 veces; el caso es que me dijeron que si a la semana siguiente no lo expulsaba quizás tendrían que operarla para sacárselo; y como comprenderéis a un bebe de casi un año abrirle el intestino por un duro no es lo más aconsejable. Así es que le di mucha fibra, laxantes y hasta un enema, pero nada. Desesperada me esperé hasta el día de su cumpleaños y como se la tenia ofrecida a la virgen, la vestí con el traje típico de aquí, y la lleve a la romería, y con toda mi fe le pedí que me ayudara. Así es que esa misma noche, al termino de la procesión, nos fuimos a cenar tranquilamente y cual fue mi sorpresa al descubrir que estando allí mismo, sin pasar siquiera una hora, mi pequeña por fin había expulsado el bendito duro. No sé si, como dicen, la fe mueve montañas, pero si es así ¡bendita fe! Además creo que la misma fe tenia antes que ahora. Así es que no entiendo el por qué la casualidad, que después de un mes fuera precisamente esa noche. Será que las casualidades también escogen el día para darse. En fin sea lo que sea, doy gracias a Dios todos los días de mi vida por q nunca se olvida de mí y eso yo lo sé, lo siento. Y a estas vírgenes que están en el mundo por algún motivo, y no sólo para que algunos les atribuyan falsos cometidos, como que la iglesia pida fortunas para los mantos que ellas nunca piden. Espero que mi relato no se haya hecho muy largo y muy pesado. Me alegro de haber contado a alguien más esta pequeña historia que para mí si tiene una gran importancia por que le ha evitado ya en dos ocasiones un mal trago, a mi niña sobre todo.

Gracias por escucharme y espero algún día poder contar otras pequeñas historias que he tenido la oportunidad de conocer.

Un saludo. Katherina Grana Fernández.

lunes, 28 de enero de 2013

¿Simples coincidencias?

He aquí una historia corta, y en apariencia intranscendente que si la miramos bien, podremos darnos cuenta de lo que no lo es tanto.

El 20 de abril de 1958, la señora Kenneth Perkins de Los Ángles, traía al mundo una hermosa niña, a la que pusieron por nombre, Nancy. Sus anteriores hijos, Gary, de 8 años de edad y David, de 5, habían nacido también un 20 de abril. El médico ginecólogo, el doctor A. Warren Olson, había nacido un 20 de abril, al igual que su enfermera-jefe, Winifred Nagamine.

¿Coincidencia? Veamos otra historia de características similares.

Dos barrenderos municipales del distrito de Nueva York de Brooklyn, atropellaron, el mismo día y a la misma hora, a dos personas en dos calles paralelas, una de las cuales murió y la otra resultó gravemente herida. Lo curioso del asunto es que los dos accidentados se llamaban Stein, y no se conocían en absoluto.

¿Casualidad? Quien sabe. Lo cierto es que estos hechos ocurren con más frecuencia de lo que parece y que deberían ser revisados con más detenimiento. ¿No recuerda usted haber vivido un suceso de características similares, en algún momento de su vida? Piense en ello y verá cómo encuentra algo.

martes, 22 de enero de 2013

Una casualidad muy casual

He aquí una historia donde aquello que llamamos casualidad (podría ser otra cosa), juega un papel determinante. Sucedió en la localidad de El Paso, Texas, en junio de 1930.

Una noche, el policía motorizado, Allan Falby, persigue a un camión por exceso de velocidad y al llegar a una curva, la motocicleta se estrella contra el camión haciendo que Falby se rompa una arteria de la pierna derecha. Alfred Smith, conductor del furgón, detiene su vehículo y acude en auxilio del policía accidentado. Por suerte, su habilidad le lleva a aplicarle un torniquete y con ello logra salvarle la vida. De no haberlo hecho, Allan Filby hubiese muerto con toda probabilidad.

Transcurrieron cinco años. Una noche, el agente Filby se encuentra de nuevo patrullando las carreteras cuando por radio recibe un mensaje en el cual se le informa que un camión acaba de chocar contra un árbol en la Nacional 80. Filby acude presto al lugar del siniestro, adelantándose a la ambulancia, y allí se encuentra con el conductor completamente inconsciente y con una herida en la pierna izquierda de la cual fluye sangre en abundancia. Falby realiza un torniquete en la arteria lastimada del lesionado y con ello logra detener la hemorragia. Cuando las cosas se calman y el agente observa la cara de la víctima, su asombro no puede por menos de ser grande. Aquel hombre al cual acaba de salvar la vida, no es otro que Alfred Smith.

sábado, 19 de enero de 2013

Mensaje en una botella

El 11 de octubre de 2000, el periódico CNN en español (www.cnnenespañol.com), se hizo eco de una noticia proporcionada por Reuters. Lo que ésta nos cuenta, no puede por menos de dejarnos con una sonrisa en los labios y con una extraña sensación de que las casualidades no existen. Ésta es la noticia, íntegramente:

Un mensaje en una botella regresa a su autor… 44 años después

WELLINGTON (Reuters) -- Unos 44 años después de haber sido lanzado desde un barco en el Océano Indico, un mensaje en una botella apareció en Nueva Zelanda, no muy lejos de la casa del autor.

El austriaco Hans Schwarz, de 66 años, escribió el mensaje en inglés y alemán mientras se dirigía a Australia, para participar en las Olimpiadas de 1956 en Melbourne, informó el martes el diario Evening Post.

La nota, la cual incluía una línea sobre la búsqueda "de una mujer del Pacífico", fue encontrada por un hombre que vive a unos 70 kilómetros al norte de Wellington, donde reside actualmente Schwarz.

El contenido del mensaje, ni la identidad de la persona que lo encontró, han sido revelados, porque el sujeto firmó un acuerdo de exclusividad, dijo el diario.

Schwarz, quien recibió un telefonema de la persona que encontró el mensaje, se mostró sorprendido de que éste hubiera aparecido.

"Es una posibilidad de un millón contra una… Pudo haber aparecido en Chile o en una isla del Pacífico, y luego haber sido arrastrado por las aguas nuevamente", dijo.

Como decía Arthur Machen, “hay cosas extrañas profundamente enterradas en los rincones oscuros de los periódicos”.

miércoles, 2 de enero de 2013

Acto de sincronicidad

La historia de un lector:

Esto ocurrió hace unos años atrás, cuando me encontraba de alumno en la Secundaria de mi pueblo. Esa mañana había llegado demasiado temprano a la escuela, cosa algo fuera de lo común en mí. Mientras estábamos fuera de la escuela, esperando que empezaran las clases, le pedí prestada una bicicleta a un compañero, y sin más, me puse a pedalear hasta mi casa que estaba como a un kilómetro de allí. Justo al doblar la esquina de mi casa me encuentro con la conmoción. En la puerta de mi casa una ambulancia llevaba cargada a mi madre sin conocimiento. Gracias a Dios que fue solo un susto.

Hace como tres meses me recordé de este evento. Me levanté de golpe en la noche con un presentimiento, y llamé a mi madre por teléfono. Me respondió y me dijo que todo andaba bien. Yo me alegré mucho de que fuera sólo un falso presentimiento, pero dos días mas tarde mi hermano me llamó por teléfono y me dice que a esa misma hora en que mi madre y yo conversábamos, un hermano de ella, mi tío, acababa de morir.