México. Desde hace un año un vecino de Tahmek vive situaciones paranormales en su vivienda, ubicada en la salida del pueblo.
“Se mueven solos los objetos de mi casa. Mi radio se apaga o se le sube el volumen, me guardan mis herramientas y de pronto aparecen”, asegura don Jacinto Millán, en visita que le hicimos a su domicilio en el municipio de Tahmek.
De hecho, esta semana se cumple un año de las situaciones paranormales que vive en su casa, ubicada a la salida del pueblo.
Originalmente había viajado a entrevistarlo porque enfrente, en un terreno baldío, se formó un rostro en un árbol de pich, pero eso fue lo de menos al escuchar todas las situaciones que ha pasado, en compañía de su esposa.
Él incluso cree que la aparición del rostro, ocurrida el 22 de marzo de 2012, es decir, hace casi un año, podría estar relacionada con los fenómenos paranormales que han ocurrido en su casa.
Don Jacinto explicó que descubrió el rostro en el árbol mientras quemaba basura en el patio. Dijo que al levantar la vista, una especie de reflejo hizo que viera directamente hacia el referido tronco, ubicado a 10 metros de ahí, cruzando la calle.
Desde entonces, decenas de personas han acudido a ver el fenómeno, tanto locales, como de municipios cercanos, como Hocabá, Xocchel y Hoctún.
Atentado a machetazos
La última noticia que tuvimos al respecto fue que una persona, en estado de ebriedad, macheteó el árbol, borrando toda evidencia, y por si fuera poco, le prendió fuego, pero por fortuna tomamos fotos antes de que eso ocurriera.
“Algunas personas dicen que es una calavera, otros que es la cara del diablo, pero yo sólo veo un rostro que no puedo decir de qué es porque no lo conozco”, dijo nuestro entrevistado.
También recordó que se le han perdido cosas (herramientas) y luego aparecen en el mismo lugar donde las había dejado como por “arte de magia”. Asimismo, les han arrojado piedras, tanto a él como a su esposa, “juegan” con la puerta de su casa e incluso le han bajado y subido el volumen a la radio.
“En una ocasión, mientras estaba jalando una manguera, me metieron una abrazadera en la camisa, le pregunté a mi mujer que si ella lo había hecho y me dijo que no, además de que era obvio porque estaba ella lejos de mí. Salimos a la calle para ver si encontrábamos a alguien, pero no vimos a nadie”, relató.
Todo esto don Jacinto se lo atribuye a un alma en pena, puesto que hace más de 15 años en la entrada de su hogar encontraron enterrado una osamenta humana, pero sin cabeza y un fémur.
“Estaba haciendo un hoyo para colocar una reja cuando de pronto empezaron a salir los huesos. Al principio me asusté, y se los comenté a otros vecinos de 'la colonia', que me dijeron que los dejara en el terreno baldío que está frente a mi casa. Los puse en una bolsa negra y los dejé ahí, pero un señor amarró dos caballos en ese mismo lugar y pisotearon todos los huesos hasta dejarlos en puro polvo”, añadió.
Fuente
domingo, 24 de marzo de 2013
jueves, 21 de marzo de 2013
El hada
Las historias de duendes, hadas, ondinas y demás elfos, son un tema que siempre han interesado a nuestros lectores. Por eso, y como forman parte implícita de los hechos forteanos, os contamos una de ellas (ocurrida en la realidad). El relato apareció en la revista británica “Fate”, en mayo de 1977. La testigo fue Cynthia Montefiore, la cual nunca puso en duda la realidad de su experiencia.
“Me encontraba en el jardín con mi madre, en su casa de Somerset. Súbitamente, mamá se llevó los dedos a los labios, indicándome que guardara silencio, y después señaló una de las flores. Asombrada, vi lo que ella estaba viendo: una figurita de unos 15 cm de altura, con formas de mujer y unas alas brillantes, coloreadas y trasparentes que se parecían a las de una libélula. La figura tenía una varita con la que señalaba el centro de una rosa. En la punta de la varita había una pequeña luz, que parecía una estrella. Los miembros de la figura eran de color rosa pálido y se veían a través de su ropa. Tenía largos cabellos plateados, que parecían un aura. Flotó cerca de la rosa durante un par de minutos por lo menos; sus alas vibraban rápidamente, como las de un colibrí. Después desapareció.
El aspecto más sorprendente de la experiencia fue, quizá, la forma en que esta diminuta criatura correspondía, prácticamente en todos los detalles, a las hadas arquetípicas del folklore y los cuentos de hadas.”
“Me encontraba en el jardín con mi madre, en su casa de Somerset. Súbitamente, mamá se llevó los dedos a los labios, indicándome que guardara silencio, y después señaló una de las flores. Asombrada, vi lo que ella estaba viendo: una figurita de unos 15 cm de altura, con formas de mujer y unas alas brillantes, coloreadas y trasparentes que se parecían a las de una libélula. La figura tenía una varita con la que señalaba el centro de una rosa. En la punta de la varita había una pequeña luz, que parecía una estrella. Los miembros de la figura eran de color rosa pálido y se veían a través de su ropa. Tenía largos cabellos plateados, que parecían un aura. Flotó cerca de la rosa durante un par de minutos por lo menos; sus alas vibraban rápidamente, como las de un colibrí. Después desapareció.
El aspecto más sorprendente de la experiencia fue, quizá, la forma en que esta diminuta criatura correspondía, prácticamente en todos los detalles, a las hadas arquetípicas del folklore y los cuentos de hadas.”
Un espectro nos observa
La Primera Guerra Mundial (1914-1918), fue muy fecunda en hechos forteanos y apariciones fantasmales. Muchos fueron los soldados muertos que aparecieron en sus propias casas, y otros que avisaron a sus camaradas en el campo de batalla, del peligro que corrían. No obstante, existe un caso, por demás curioso, que reclama especialmente nuestra atención. El caso es referido por el capitán W.E. Newcome:
“Era en septiembre de 1916, cuando el 2º regimiento de Suffolk salió de Loos para el sector norte de Albert. Yo le acompañé, y cuando estábamos en la línea avanzada de trincheras en dicho sector, yo y otros vimos el fenómeno notabilísimo que voy a referir.
Hasta el 5 de noviembre estuvimos ocupando la línea con muy pocos hombres. El día 1º los alemanes desarrollaron un potente ataque decididos a romper la línea. Hallábame visitando yo la línea de reserva, y durante mi ausencia, se inició el ataque. Corrí a incorporarme a mi compañía, llegando a tiempo para contribuir con bombas de mano a que fuera rechazado el enemigo, haciéndole volver a sus líneas. No pudo poner pie en nuestras trincheras, pero el asalto fue duro y rápido, quedando todos nosotros preparados para el nuevo ataque.
No tuvimos que esperar mucho tiempo, pues enseguida vimos avanzar a los alemanes en masas compactas hacia la Tierra de Nadie, pero antes de que llegaran a nuestras alambradas, surgió de un hoyo de granada la figura blanca, espiritual, de un soldado, a unos cien metros a nuestra izquierda, ante nuestras alambradas y entre la primera línea alemana y la nuestra.
El espectro anduvo lentamente por espacio de unos mil metros a lo largo de nuestro frente. Su perfil me recordaba el de un antiguo oficial de antes de la guerra. Primero miró a los alemanes lanzados al ataque, volvió la cabeza al otro lado y comenzó a andar lentamente por el sector que defendíamos.
Disparaba nuestra artillería. Las granadas silbaban a través de la Tierra de Nadie... pero ninguna de ellas impidió el avance del espectro. Andaba con firmeza, desde la izquierda hasta la extrema derecha del sector, en donde se volvió hacia nosotros. Parecía observar nuestra trinchera a todo lo largo.
Después de contemplarnos unos momentos, se volvió bruscamente a la derecha y se dirigió en línea recta a las trincheras alemanas. Los alemanes retrocedieron entonces... y en toda la noche ya no volvió a verse el espectro.
La primera idea de los soldados fue que era uno de los llamados Angeles de Mons; otros le encontraron cierto parecido con lord Kitchener. Yo sólo puedo decir que me afectó la aparición profundamente, y durante mucho tiempo fue la comidilla de la compañía.
El hecho está corroborado por todas las clases y hombres de mi sección” (Historia del Espiritismo. Arthur Conan Doyle. Edit:Eyras)
¿Otra historia Forteana?
“Era en septiembre de 1916, cuando el 2º regimiento de Suffolk salió de Loos para el sector norte de Albert. Yo le acompañé, y cuando estábamos en la línea avanzada de trincheras en dicho sector, yo y otros vimos el fenómeno notabilísimo que voy a referir.
Hasta el 5 de noviembre estuvimos ocupando la línea con muy pocos hombres. El día 1º los alemanes desarrollaron un potente ataque decididos a romper la línea. Hallábame visitando yo la línea de reserva, y durante mi ausencia, se inició el ataque. Corrí a incorporarme a mi compañía, llegando a tiempo para contribuir con bombas de mano a que fuera rechazado el enemigo, haciéndole volver a sus líneas. No pudo poner pie en nuestras trincheras, pero el asalto fue duro y rápido, quedando todos nosotros preparados para el nuevo ataque.
No tuvimos que esperar mucho tiempo, pues enseguida vimos avanzar a los alemanes en masas compactas hacia la Tierra de Nadie, pero antes de que llegaran a nuestras alambradas, surgió de un hoyo de granada la figura blanca, espiritual, de un soldado, a unos cien metros a nuestra izquierda, ante nuestras alambradas y entre la primera línea alemana y la nuestra.
El espectro anduvo lentamente por espacio de unos mil metros a lo largo de nuestro frente. Su perfil me recordaba el de un antiguo oficial de antes de la guerra. Primero miró a los alemanes lanzados al ataque, volvió la cabeza al otro lado y comenzó a andar lentamente por el sector que defendíamos.
Disparaba nuestra artillería. Las granadas silbaban a través de la Tierra de Nadie... pero ninguna de ellas impidió el avance del espectro. Andaba con firmeza, desde la izquierda hasta la extrema derecha del sector, en donde se volvió hacia nosotros. Parecía observar nuestra trinchera a todo lo largo.
Después de contemplarnos unos momentos, se volvió bruscamente a la derecha y se dirigió en línea recta a las trincheras alemanas. Los alemanes retrocedieron entonces... y en toda la noche ya no volvió a verse el espectro.
La primera idea de los soldados fue que era uno de los llamados Angeles de Mons; otros le encontraron cierto parecido con lord Kitchener. Yo sólo puedo decir que me afectó la aparición profundamente, y durante mucho tiempo fue la comidilla de la compañía.
El hecho está corroborado por todas las clases y hombres de mi sección” (Historia del Espiritismo. Arthur Conan Doyle. Edit:Eyras)
¿Otra historia Forteana?
martes, 5 de marzo de 2013
El niño y el ángel de la guardia
Una persona muy cercana a mí, y en la cual confío plenamente, me refirió en cierta ocasión un suceso extraordinario que he considerado interesante incluir en este apartado. Su testimonio y experiencia está fuera de toda duda y puedo afirmar, con toda rotundidad, que no es persona dada a la fabulación o a desvaríos de la mente.
Cuenta nuestro testigo, que en cierta ocasión, siendo niño, jugando con sus amigos, descubrió preocupado que acaba de perder unos cromos muy preciados para él (recordemos que no tenía más de siete u ocho años). Con la urgencia propia de un muchacho de esa edad, se puso denodadamente a buscar sus valoradas estampitas coleccionables, no encontrándolas por ninguna parte.
Con el llanto en los ojos, abandonó el parque y los amigos con los que estaba jugando, y se marchó en dirección a su casa. En el camino, el niño rezó con fuerza a Dios para que le ayudara a recuperar sus cromos; y fue en ese preciso momento cuando sintió que alguien le cogía de los hombros y le giraba con decisión hacia su izquierda y en dirección a una bicicleta que se encontraba apoyada en una pared.
Allí, y perfectamente amontonados sobre el sillín, se encontraban los mismos cromos que el niño había extraviado estando en el parque. El infante, con la alegría iluminando su rostro, dio gracias a Dios y recogió sus estimadas viñetas, sin percatarse realmente de lo que le había ocurrido.
Nuestro amigo nos dijo que nunca había olvidado este suceso, pero que fue sólo años después cuando comenzó a darse cuenta de la importancia y rareza del hecho. Para un niño, y más de esa corta edad, lo extraño y forteano sólo lo es para los adulto.
Por cierto, el testigo, ya en su adultez, nos aseguró que aquel día no había pasado por donde encontró los cromos, y afirma que, con toda certeza, los perdió estando en el parque.
¿Existirá, acaso, en la realidad, el incorpóreo e imaginario Ángel de la Guarda?
Cuenta nuestro testigo, que en cierta ocasión, siendo niño, jugando con sus amigos, descubrió preocupado que acaba de perder unos cromos muy preciados para él (recordemos que no tenía más de siete u ocho años). Con la urgencia propia de un muchacho de esa edad, se puso denodadamente a buscar sus valoradas estampitas coleccionables, no encontrándolas por ninguna parte.
Con el llanto en los ojos, abandonó el parque y los amigos con los que estaba jugando, y se marchó en dirección a su casa. En el camino, el niño rezó con fuerza a Dios para que le ayudara a recuperar sus cromos; y fue en ese preciso momento cuando sintió que alguien le cogía de los hombros y le giraba con decisión hacia su izquierda y en dirección a una bicicleta que se encontraba apoyada en una pared.
Allí, y perfectamente amontonados sobre el sillín, se encontraban los mismos cromos que el niño había extraviado estando en el parque. El infante, con la alegría iluminando su rostro, dio gracias a Dios y recogió sus estimadas viñetas, sin percatarse realmente de lo que le había ocurrido.
Nuestro amigo nos dijo que nunca había olvidado este suceso, pero que fue sólo años después cuando comenzó a darse cuenta de la importancia y rareza del hecho. Para un niño, y más de esa corta edad, lo extraño y forteano sólo lo es para los adulto.
Por cierto, el testigo, ya en su adultez, nos aseguró que aquel día no había pasado por donde encontró los cromos, y afirma que, con toda certeza, los perdió estando en el parque.
¿Existirá, acaso, en la realidad, el incorpóreo e imaginario Ángel de la Guarda?
El extraordinario gigante
John A. Keel, en su estupendo libro “el enigma de las extrañas criaturas”, nos cuenta un descubrimiento suyo que tuvo ocasión de encontrar en un libro antiguo de título “History and Antiquities of Allerdale”. En este libro, se hace una descripción de un gigante hallado en Cumberland, Inglaterra, en algún momento de la edad media. Se cree que la información está avalada por una verdadera información de Hugh Hodson, de Thorneway”. Esto es lo que cuenta el mencionado libro:
“El gigante estaba enterrado a cuatro yardas de profundidad en una tierra que ahora es un campo de maíz. Tenía una estatura de cuatro yardas y media (unos tres metros y medio), y llevaba la armadura completa; la espada y el hacha de combate reposaban junto a él. La espada tenía una anchura de dos palmos y más de dos yardas de longitud. La cabeza de su hacha de guerra tenía una yarda de largo, y el mango, todo de hierro, era recio como el muslo de un hombre y con más de dos yardas de longitud.
Los dientes medían seis pulgadas de largo y dos pulgadas de anchura. La frente tenía una anchura de más de dos palmos de y medio. El hueso del mentón podía contener tres pecks (más de 26 litros) de harina de cebada. Su armadura, espada y hacha de combate, se encuentran en casa de Mr. Sand, de Redington, y en la de Mr. Wyber, en St. Bees.”
Debemos tener en cuenta que este relato nos viene de la Edad Media. Hoy no sabemos lo que se hizo con los huesos ni con la armadura por lo que debemos contentarnos con este extraordinario testimonio.
“El gigante estaba enterrado a cuatro yardas de profundidad en una tierra que ahora es un campo de maíz. Tenía una estatura de cuatro yardas y media (unos tres metros y medio), y llevaba la armadura completa; la espada y el hacha de combate reposaban junto a él. La espada tenía una anchura de dos palmos y más de dos yardas de longitud. La cabeza de su hacha de guerra tenía una yarda de largo, y el mango, todo de hierro, era recio como el muslo de un hombre y con más de dos yardas de longitud.
Los dientes medían seis pulgadas de largo y dos pulgadas de anchura. La frente tenía una anchura de más de dos palmos de y medio. El hueso del mentón podía contener tres pecks (más de 26 litros) de harina de cebada. Su armadura, espada y hacha de combate, se encuentran en casa de Mr. Sand, de Redington, y en la de Mr. Wyber, en St. Bees.”
Debemos tener en cuenta que este relato nos viene de la Edad Media. Hoy no sabemos lo que se hizo con los huesos ni con la armadura por lo que debemos contentarnos con este extraordinario testimonio.
domingo, 3 de marzo de 2013
La gaviota que salvó una vida
La siguiente historia ocurrió en 1980. La señora Rachel Flynn, de Cape Cod, Nueva Inglaterra, E.E.U.U, paseaba sola, como era su costumbre, por los escarpados acantilados del pueblo, cuando de pronto, tropezó y cayó desde unos diez metros, desde un acantilado, estrellándose en la arena de la playa. Intentó levantarse, pero se encontraba demasiado aturdida y mal herida como para mover un músculo siquiera. Pensó que ese era final y que moriría abandonada por todos.
De repente, sintió cerca de ella el aleteo de un ave y sobre su dolorido cuerpo aterrizó una gaviota. Quiso creer que era una de las gaviotas a las que ella y su hermana daban de comer periódicamente y que llegó a conocer tan bien que la bautizaron con el nombre de Nancy. Sacando fuerzas de flaqueza, y en apenas un susurro, la señora Flynn, le dijo: “Por amor de Dios, Nancy, busca ayuda”.
Era una idea desesperada ya que todo el mundo sabe que las gaviotas no entienden nuestro lenguaje ni nuestro estado emocional... ¿O sí? La cuestión es que Nancy, la gaviota, salió volando, llegando a casa de la señora Flynn, a un kilómetro y medio de distancia, donde su hermana June se encontraba preparando la comida en la cocina. La gaviota se posó en la ventana y con el pico golpeó salvajemente el cristal, al tiempo que agitaba sus alas como una enloquecida.
June se sintió molesta y trató de que Nancy la dejara en paz, pero el animal no se fue en ningún instante, poniéndose todavía más frenética. Por increíble que parezca, June llegó a pensar que la gaviota trataba de decirle algo.
El animal se echó a volar, parándose incluso de vez en cuanto para asegurarse de que June la seguía. Al llegar al acantilado, la gaviota se posó en el borde y June, al asomarse, pudo descubrir a su hermana aprisionada entre dos rocas.
La señora Rachel Flynn, había sufrido numerosas contusiones y se había dislocado un hombro. Sin embargo, gracias a la gaviota, pudo salvar su vida.
Las preguntas que surgen en torno a este caso son muy simples. ¿Cómo una gaviota sabía que alguien estaba en peligro? ¿Cómo sabía lo que hacer para pedir ayuda? Estas son preguntas que de momento no tienen visos de solución.
De repente, sintió cerca de ella el aleteo de un ave y sobre su dolorido cuerpo aterrizó una gaviota. Quiso creer que era una de las gaviotas a las que ella y su hermana daban de comer periódicamente y que llegó a conocer tan bien que la bautizaron con el nombre de Nancy. Sacando fuerzas de flaqueza, y en apenas un susurro, la señora Flynn, le dijo: “Por amor de Dios, Nancy, busca ayuda”.
Era una idea desesperada ya que todo el mundo sabe que las gaviotas no entienden nuestro lenguaje ni nuestro estado emocional... ¿O sí? La cuestión es que Nancy, la gaviota, salió volando, llegando a casa de la señora Flynn, a un kilómetro y medio de distancia, donde su hermana June se encontraba preparando la comida en la cocina. La gaviota se posó en la ventana y con el pico golpeó salvajemente el cristal, al tiempo que agitaba sus alas como una enloquecida.
June se sintió molesta y trató de que Nancy la dejara en paz, pero el animal no se fue en ningún instante, poniéndose todavía más frenética. Por increíble que parezca, June llegó a pensar que la gaviota trataba de decirle algo.
El animal se echó a volar, parándose incluso de vez en cuanto para asegurarse de que June la seguía. Al llegar al acantilado, la gaviota se posó en el borde y June, al asomarse, pudo descubrir a su hermana aprisionada entre dos rocas.
La señora Rachel Flynn, había sufrido numerosas contusiones y se había dislocado un hombro. Sin embargo, gracias a la gaviota, pudo salvar su vida.
Las preguntas que surgen en torno a este caso son muy simples. ¿Cómo una gaviota sabía que alguien estaba en peligro? ¿Cómo sabía lo que hacer para pedir ayuda? Estas son preguntas que de momento no tienen visos de solución.
La maldición de los gatos
La historia que pasamos a contar a continuación, no formaría parte, en realidad, de los hechos forteanos y condenados, sino más bien a los de la magia y el psiquismos; no obstante, las características del suceso ofrecen elementos curiosos que podrían materializarlos en ésta sección.
Violet Mary Firth, más conocida como Dion Fortune, fue una mujer dedicada por entero a los fenómenos ocultistas y la magia. Se dice que tenía unas facultades psíquicas bastante desarrolladas y que poseía dotes como médium. No obstante esto, en 1920, sus capacidades psíquicas se vieron seriamente amenazadas por una competidora más cualificada que ella.
En esa fecha, 1920, Dion Fortune conoció a la viuda de MacGregor Mathers, que en aquel tiempo dirigía la ya veterana orden de la Golden Dawn. Dion, se hizo muy amiga de ella y la señora Mathers acepto incluso su propuesta de convertir una sección de la cerrada organización, en una puerta abierta al gran público. Dion Fortune comenzó a escribir muchos artículos y libros sobre el tema y por alguna razón, la señora Mathers empezó a sentirse traicionada por la nueva adepta y le ordenó que dejara de dar publicidad a los secretos de la orden; sin embargo Dion Fortune no hizo caso de los deseos de la mujer, y recibió a cambio, un maleficio de magia negra.
Una mañana, nuestra protagonista descubrió que en su casa se habían instalado una docena de gatos negros. Mirase a donde mirase, unos terribles y amenazadores ojos gatunos, observaban sus movimientos sin que la mujer pudiera hacer nada por espantarlos. Día tras días, los gatos se paseaban por su casa, ante los ojos perplejos e impotentes de la médium.
Los gatos aumentaron en número y ya se les podía ver incluso en la calle maullando en dirección a la casa. Pero una mañana, la mujer se encontró con un suceso todavía más extraño. En la escalera de su casa vio bajar lenta y pesadamente a un enorme gato cerval, dos veces más grande que un tigre. El miedo la tenía paralizada pero aún así, dirigió su mirada hacia aquellos gigantescos ojos, y el animal desapareció. Para Fortune ya no existía duda; la señora Mathers le había enviado una maldición.
Los sucesos terminaron cuando nuestra protagonista se hizo acompañar de sus seguidores, y entre todos realizaron un ritual para desembarazarse de aquel ataque psíquico. Tras ello, los gatos se esfumaron para siempre.
Sin embargo, se dice que Dion Fortune nunca consiguió recuperarse absolutamente de este primer embate psíquico y que arrastró sus consecuencias el resto de su vida. Su salud quedó minada y comenzó a engordar considerablemente. Murió, años más tarde, a consecuencia de una leucemia aguda.
Violet Mary Firth, más conocida como Dion Fortune, fue una mujer dedicada por entero a los fenómenos ocultistas y la magia. Se dice que tenía unas facultades psíquicas bastante desarrolladas y que poseía dotes como médium. No obstante esto, en 1920, sus capacidades psíquicas se vieron seriamente amenazadas por una competidora más cualificada que ella.
En esa fecha, 1920, Dion Fortune conoció a la viuda de MacGregor Mathers, que en aquel tiempo dirigía la ya veterana orden de la Golden Dawn. Dion, se hizo muy amiga de ella y la señora Mathers acepto incluso su propuesta de convertir una sección de la cerrada organización, en una puerta abierta al gran público. Dion Fortune comenzó a escribir muchos artículos y libros sobre el tema y por alguna razón, la señora Mathers empezó a sentirse traicionada por la nueva adepta y le ordenó que dejara de dar publicidad a los secretos de la orden; sin embargo Dion Fortune no hizo caso de los deseos de la mujer, y recibió a cambio, un maleficio de magia negra.
Una mañana, nuestra protagonista descubrió que en su casa se habían instalado una docena de gatos negros. Mirase a donde mirase, unos terribles y amenazadores ojos gatunos, observaban sus movimientos sin que la mujer pudiera hacer nada por espantarlos. Día tras días, los gatos se paseaban por su casa, ante los ojos perplejos e impotentes de la médium.
Los gatos aumentaron en número y ya se les podía ver incluso en la calle maullando en dirección a la casa. Pero una mañana, la mujer se encontró con un suceso todavía más extraño. En la escalera de su casa vio bajar lenta y pesadamente a un enorme gato cerval, dos veces más grande que un tigre. El miedo la tenía paralizada pero aún así, dirigió su mirada hacia aquellos gigantescos ojos, y el animal desapareció. Para Fortune ya no existía duda; la señora Mathers le había enviado una maldición.
Los sucesos terminaron cuando nuestra protagonista se hizo acompañar de sus seguidores, y entre todos realizaron un ritual para desembarazarse de aquel ataque psíquico. Tras ello, los gatos se esfumaron para siempre.
Sin embargo, se dice que Dion Fortune nunca consiguió recuperarse absolutamente de este primer embate psíquico y que arrastró sus consecuencias el resto de su vida. Su salud quedó minada y comenzó a engordar considerablemente. Murió, años más tarde, a consecuencia de una leucemia aguda.
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